lunes, 4 de mayo de 2009

Lucha de clases en la sartén


Ellos eran producto de una cruza genética privilegiada, que había generado gallinas de alta productividad. Eran del tamaño máximo que permitía el selectivo mercado de huevos, además de poseer un color amarillo rojizo muy apreciado. Ambos lo sabían de sobra.
El tocino era de origen más humilde. Fue comprado en un puesto insignificante del mercado, y procedía de una piara criolla sin mayores pretensiones genéticas.
Cuando los tres cayeron casi al mismo tiempo en la sartén, el aceite, angustiado por lo que se veían venir, generó un ruido extraordinario. Pero mucho más fuerte fue el lamento clasista de los huevos de elite, al verse en contacto con la chusma del tocino de origen desconocido.
De alguna manera, la crisis duró tan solo tres minutos, y entonces, ya fritos, los dos huevos y el tocino fueron puestos en un plato que enseguida llegó a la mesa.
Para acabar con la altivez de los huevos, el comensal pidió que se le sirviera una ración adicional del sabroso tocino.

No hay comentarios: