jueves, 13 de junio de 2019

Las iguanas de Atongo

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En una pequeña franja de terreno que no llega a pasar de unos 800 metros cuadrados, conviven tres tipos de criaturas fantásticas junto a un arroyo llamado Atongo, en un pueblo cercano a la enorme ciudad de México.

El primero de estos seres fantásticos -el menos fantástico de las tres especies- es un duende recientemente caído en desgracia, quien pretende vengarse de los humanos porque derribaron el árbol en donde vivía. Es, sin embargo, un duende bueno, y sus venganzas no pasan de ser travesuras, como el esconder objetos o pintar garabatos en las paredes de las casas vecinas. Su árbol fue derribado hace un par de meses, pues fue severamente dañado por un rayo, y habiendo quedado muy fracturado, constituía un riesgo para las casas cercanas y los transeúntes. Como sea, el duende malinterpretó el hecho de ver cómo unas motosierras manejadas por humanos convertían en leña lo que fue su hogar por muchas decenas de años.

El segundo grupo de criaturas fantásticas que ahí moran, son las llamadas iguanas de Atongo. No son reptiles, ni serpientes, sino seres humanos un poco diferentes a los demás.

En ese terreno en donde estuvo hasta hace poco el árbol del duende, justo al lado de arroyo, se observan varios colchones viejos y asoleados, y sobre ellos, con los torsos desnudos, varios individuos alcoholizados que han escogido ese agradable lugar para embriagarse día con día, de sol a sol.

Hay que reconocer que nunca molestan a nadie. Parece que entienden que ése es su refugio ideal y que, si no quieren verse en problemas semejantes al del duende (a perder su lugar en este mundo), deben comportarse adecuadamente.

Así, beben licor de la mañana a la noche, platican y bromean entre ellos, pero sin hacer ruido, sin causar molestias a los vecinos. Son, de verdad, apacibles.

La más fantástica de todas estas criaturas que conviven en esa pequeña rivera del arroyo de Atongo, es un científico jubilado muy objetivo que no cree en duendes (aunque le escondan los zapatos), y que sabe que el alcohol daña los cerebros (y que sin embargo tolera a los borrachines).

Él escogió vivir ahí desde hace unos meses, en una casa pequeña y agradable, para alejarse de la ruidosa ciudad de México y llevar una vida tranquila. Es, sin embargo, quien menos pertenece a ese particular espacio de duendes resentidos e iguanas alcoholizadas con cuerpo de humano.

El arroyo de Atongo es testigo mudo de tan particular convivencia entre tres mundos tan diferentes entre sí, a cual más fantástico.

miércoles, 12 de junio de 2019

Epitafios dignos. Epitafios célebres.

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Estamos tan embebidos en la problemática del día al día, que ignoramos u omitimos un derecho humano muy importante: el de decir NUESTRA última palabra y dejarla de alguna manera grabada para la posteridad, por insignificantes que seamos.

Todos tenemos, finalmente, algo relevante que decir, un resumen muy resumido de lo que fue nuestra trayectoria subjetiva en este escenario ininteligible que se llama “vida”.

Esta última palabra puede ser irrelevante para los demás, puede ser poco inteligente, inmadura, neurótica, cínica, irresponsable, interesante, genial, humilde, amena…lo que sea.

Es como un blog radical que –en vez de estar en la Internet- está en una piedra en el cementerio.

Aquí expongo algunos epitafios de personas relativamente exitosas, que al final serán –igual que cualquiera de nosotros- carne de los gusanos o del horno crematorio:   

“Espero que Cristo cumpla su palabra.” Miguel Delibes. 

“Quien resiste,  gana.” Camilo José Cela. 

“Si queréis los mayores elogios, moríos”. Enrique Jardiel Poncela 

“Al morir, echénme a los lobos. Ya estoy acostumbrado.” Diógenes 

“Jesús mío, misericordia”. Al Capone 

“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este   ateo.” Miguel de Unamuno 

“Si no viví más, fue por que no me dio tiempo.” Marqués de Sade

 “Quiso contar, cantar para olvidar su vida verdadera de mentiras y recordar su mentirosa vida de verdades”. Octavio Paz para la tumba de un amigo. 

“Luz, más luz.” Goethe 

“Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos  
 hace de muerto y de verdad que lo hace bien.”  Molière 

“No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores.” Orson Welles 

“The End.” Buster Keaton 

Y ya inmerso en este rollo de los epitafios, ahí les va el que hoy sería el mío:

“La pasé bien en este mundo, definitivamente, pero para mí  la humanidad dejó mucho que desear.” 

Como sea, la humanidad tiene aún unos veinte o veinticinco años –transpiro salud y excelente estado de ánimo- para reivindicarse conmigo. Dudo mucho que lo haga, pero le concedo el beneficio de la duda.

Guerras, miseria, corrupción, mediocridad, contaminación, intolerancia, fanatismo, delincuencia, terrorismo, drogadicción, represión  y otros desagradables adjetivos pesan definitivamente en lo que sería la redacción de mi epitafio. 

Lo lamento.


martes, 11 de junio de 2019

Soy

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Soy polvo de estrella producto de titánica explosión al inicio de los tiempos; simples partículas atómicas hoy transformadas en compleja vida; criatura frágil y azarosa con destino incierto; conducto genético proveniente del más remoto pasado dirigiéndose al ignoto futuro; parte insignificante y relevante de un misterioso proyecto universal que se niega a ser develado; materia tangible con conciencia etérea; individuo y galaxia, plan y consecuencia; duda y certidumbre; principio y fin.

lunes, 10 de junio de 2019

La fiesta de los hombres

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FAROLILLO: “Flor: he conseguido tres entradas para ir a los hombres. ¿Vienes con nosotros?”

FLOR: “No, Farolillo: ya sabes que no me gustan esas cosas. Son espectáculos para brutos.” 

FAROLILLO: “Bueno, pues a mí sí que me gustan. Iré con nuestro hijo Emperador, e invitaré a Romero del Monte. Él disfruta mucho los hombres.” 

FLOR: “No sé cómo pueden soportar espectáculos tan crueles. Pero en fin…” 

FAROLILLO: “Emperador: es hora de irnos a los hombres. Tu madre no viene, así que pasaremos por casa de Romero del Monte a invitarlo. Baja una sombrilla grande, que la tarde está muy soleada. ¡Apúrate, que se nos hace tarde.” 

FAROLILLO:  “Hey, Romero del Monte, acompáñanos a ver los hombres. Parece que los de hoy son de casta y peso. Y los hombreros son experimentados. Imagínate: hombrean Tirabuzón, Granuja y Pichichi.” 

ROMERO DEL MONTE: “Espera un poco, Farolillo, que me limpie el hocico, que me has pillado pastando, je je je.” 

FAROLILLO: “Pues apúrate, que nos perdemos el paseíllo. Le dan la alternativa a Granuja, y no me lo quiero perder.” 

ROMERO DEL MONTE: “Vale, ya estoy listo. Vamos. ¿Y has conseguido buenas entradas?” 

FAROLLILLO: “¡Claro: en el primer tendido de sombra! Vamos, que se hace tarde.”

La plaza estaba rebosante de público aquella tarde de abril. Era la primera corrida de hombres de la Feria de la Primavera, y los toros se arremolinaban ansiosos en las entradas de la plaza de Cerro Verde para ver si Tirabuzón seguía en su racha de cortar orejas a cada hombre que le ponían delante.

La alternativa de Granuja por parte de Pichichi era otro de los atractivos, pues el joven hombrillero había hecho méritos suficientes en varias plazas de provincia.

Los seis hombres para esa tarde habían sido escogidos entre los mejores del criadero Pasto Verde. Eran de la raza de lidia conocida como ibérica, muy brava y aguerrida.

La semana anterior, la lidia de los hombres sajones había decepcionado un tanto: habían estado fríos y embestían muy forzados.

José Luís estaba desconcertado encerrado en los corrales de hombres en la parte norte de la plaza. No tenía la menor idea de lo que le esperaba. Apenas hace dos días estaba en la granja jugueteando con otros hombres, cuando llegó un grupo de toros, y lo escogieron: “Ése”, dijo un toro berrendo. Y a José Luís le pusieron una soga en el cuello, y lo llevaron a un camión con jaula en donde ya estaban  Jesús y Marco Antonio, sus compañeros de granja.

Ninguno de los tres sabía lo que estaba ocurriendo, pero Antonio había escuchado rumores de que ellos -los hombres- eran una especie criada únicamente para ser hombreada para la diversión de los toros. Pero más que eso, no lo imaginaba.

Después de varias horas de camino, el camión se acercó a un edificio circular enorme, y se les hizo descender en él a un patio cubierto y húmedo, en espera de algo que ninguno de los tres hombres entendía.  Ahí en el patio ya estaban Juan, Manuel y Pedro, compañeros del criadero de Pasto Verde, pero tampoco tenían la menor idea de lo que estaba pasando ahí dentro. Así pasaron dos días con sus respectivas noches.

Al medio día de la tercera jornada, un toro viejo abrió una puerta hacia el norte del patio cubierto (patio de hombriles), y José Luís fue empujado hacia el exterior.

La luz del sol lo deslumbró, pues llevaba un par de días sin verla. Una vez que sus ojos se acomodaron a la resolana, José Luís pudo darse cuenta de que estaba un pequeño llano circular de arena, bardado, en donde había muy pocas salidas. 

Detrás de las bardas, sentados, había miles de cabezas negras con cuernos, entusiasmadas de verlo salir. Su instinto le hizo querer regresar al patio de donde venía, pero la puerta ya estaba cerrada. Como sea, no quiso alejarse mucho de ella, hasta que  un toro lo presionó con sus cuernos,  y José Luís no tuvo más remedio que ir al centro de la plaza.

Los toros que disfrutaban sentados el espectáculo mugían desordenadamente. De repente, un toro engalanado con cuentas brillantes, de nombre Tirabuzón, salió de una puerta y se acercó a José Luís mugiendo. “Vamos, hombre cobarde: demuestra la casta”, le gritaba a José Luís en su idioma toril.

José Luís miró a su alrededor. No tenía claro lo que estaba pasando, pero sabía que no era nada bueno. No había tampoco hacia dónde escapar. Si se quedaba quieto, el toro lo atacaría y mataría. Concluyó que lo único que podía hacer era matar al toro con sus propias manos, primero montándolo hasta el agotamiento, luego derribándolo, y finalmente se las ingeniaría para estrangularlo.

Así José Luís corrió hacia el toro engalanado y trató de colgarse de él. Pero éste, con agilidad pasmosa, se hizo a un lado y  aquél se fue en banda. “¡Muuuuuu!", exclamó el excitado público. Una vez más, José Luís intentó lo mismo, y el toro engalanado lo esquivó de nuevo. “¡Muuuuuuu!", volvió a exclamar la tribuna, cada vez más fuera de sí, presintiendo el momento en que la sangre humana empezase a emanar del hombre en turno.

Después de varios fallidos intentos y muchos muuuuuues, José Luís empezó a sacar la lengua y a babear. En eso, un toro salió con un pico al frente, sujeto por la cabeza (como un unicornio), y persiguió a José Luís, que nada pudo hacer al respecto. Así, al intentar huir ya agotado, el toro no tuvo problema para perforarle la espalda ligeramente.

Como sea, la roja sangre de José Luís empezó a salir a borbotones, y el distinguido público de Vacas y Toros aplaudió al valiente picador.

Apenas se reponía José Luís del impacto de la perforación en su espalda, cuando otro toro se le acercó y le picó las costillas con sus cuernos. No fue tan profunda la herida como la de la espalda, pero ésta sí molestó a José Luís, quien en ese momento confirmó sus sospechas:

Es una lucha a muerte entre el toro y el hombre. Sólo uno sobrevivirá”.

Así, al hombre le brotó la casta pesar de las heridas. Quiso alcanzar al toro, que burlón lo esquivaba una y otra vez motivado por los excitantes muuuuuuuuus que provenían de la tribuna.

Finalmente, José Luís, herido y agotado, prefirió retirarse hacia las tablas. Era la hora final, sin lugar a dudas. Tirabuzón se acercó a él lanzándole una mirada agresiva, y lo embistió a fondo. Los pitones del hombrero se hundieron en el cuerpo ensangrentado del hombre.

La excitación morbosa del público era sensacional. Aparecieron miles de pañuelos blancos en la tribuna, y desde lo más alto de la plaza un clarín ordenó que le cortaran ambas orejas al hombre muerto.

En ese momento,  José Luís, el torero más prestigiado de España, despertó sudando de su pesadilla.  Se tocó la espalda, el vientre, las costillas: todo estaba sano. Había sido tan sólo un mal sueño, previo a la corrida inaugural de la Feria de San Isidro, en donde él ocupaba el sitio de honor en el privilegiado cartel.

domingo, 9 de junio de 2019

La cruda historia de la baja autoestima de un par de aretes

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Josefina tenía que ir a la fiesta de cumpleaños de Antonieta, así que decidió comprarle un par de aretes de regalo. Cuánto decidió gastarse en ellos o si tuvo mejor o peor gusto para elegirlos, podrían ser temas de discusión posteriores acerca de esta historia.

El hecho es que a Antonieta no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que María Luisa la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de Antonieta a María Luisa.

El hecho es que a María Luisa no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Guadalupe la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de María Luisa a Guadalupe.

El hecho es que a Guadalupe no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Marina la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de Guadalupe a Marina.

El hecho es que a Marina no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Alejandra la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de Marina a Alejandra.

El hecho es que a Alejandra no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Jessica la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de Alejandra a Jessica.

El hecho es que a Jessica no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Nancy la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de a Jessica a Nancy.

El hecho es que a Nancy no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Elideth la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de a Nancy a Elideth.

El hecho es que a Elideth no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Rosi la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de a Elideth a Rosi.

El hecho es que a Rosi no le gustaron los aretes. Dio las gracias sonriendo, pero…..los guardó junto con la envoltura cierto tiempo, hasta que Josefina la invitó a su fiesta de cumpleaños y vio entonces la oportunidad de deshacerse de ellos, además de evitar hacer un gasto. Así, los aretes pasaron de Rosi a Josefina.

Josefina reconoció la envoltura. Inmediatamente concluyó que eran los aretes que ella había regalado un año antes a Antonieta.

Convencida Josefina de que los aretes eran preciosos, decidió quedárselos, pero no pudo dejar de decirle a Antonieta que sospechaba que Rosi robaba las joyas de sus amigas.

Los únicos que supieron toda la verdad en esta historia fueron los aretes, pero –después de tantas vueltas sin ser estrenados- su autoestima estaba demasiado baja para poder publicarla. Josefina los usó un par de veces y los abandonó para siempre en

La Calaña y la Ralea

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La Ralea prefería mirar hacia abajo, pues cuando miraba hacia arriba veía cosas inalcanzables que la fastidiaban.

Debajo de ella estaba la Calaña. Afortunadamente para la Ralea, existía la Calaña.

La Calaña era menos complicada y más feliz. Sabía que más bajo no podía caer, así que vivía totalmente despreocupada.

sábado, 8 de junio de 2019

Extracción tecnológica de la dulzura de una dama complicada

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La dama era dulce, pero se nutría de lo contrario.

Tal vez tanta dulzura que poseía  intoxicaba su esencia, y para sobrevivir en este complicado mundo, sus glándulas generaban ácidos fuertes y sustancias muy amargas.

Su caso era tan grave que generó una crisis social en su ciudad. El ente municipal, encargado de la buena convivencia, se vio obligado a generar un presupuesto, y por ello el caso fue a dar a mi laboratorio tecnológico. La dama fue obligada por las autoridades a pasar una serie de análisis químicos y psicológicos serios que yo mismo dirigí. Ella no aprobó ni siquiera el examen de orina.

Como sea, percibimos esencia de caramelo en las profundidades de su ADN. Gracias a eso le soportamos sus insolencias el día que  la analizamos: escupió a las enfermeras, agredió al médico de guardia y mordió al analista químico. Una vez que le aplicaron la camisa de fuerza, se hizo la calma en el laboratorio. La encerramos en el oscuro sótano del edificio mientras analizábamos sus escasas probabilidades.

Era un caso digno de publicarse en una revista de actualización científica, o tal vez en una revista de monstruos y extraterrestres.

Tuvimos que conseguir néctar de bugambilia de Namibia, algodón de azúcar de  Singapur, esencia de caramelo de Uganda, almíbar coreano,  concentrado de turrón de Jijona, chocolates suizos, leche condensada azucarada de vaca contenta, miel de abeja del Himalaya y  edulcorantes sintéticos alemanes. Con todos esos productos hicimos una mezcla líquida semi-viscosa.

Extrajimos su sangre ácida y amarga mientras le inyectábamos el acaramelado brebaje. Sus ojos estaban en blanco ante el shock agridulce al que se enfrentaba. Sobrevivió, pero las mangueras que extraían su sangre fueron corroídas completamente por el ácido de la dama. 

Lo primero que hizo al despertar fue sonreír al médico responsable. Besó la mano de las enfermeras y brincó de la cama para abrazarme.

La tuvimos un par de días en observación, y empalagó con su dulzura a las enfermeras. Tuve que visitarla por cuestiones de reglamento médico, y brincó sobre mí, dedicándome un abrazo de más de media hora y muchos besos ensalivados.

Tuvimos que darla de alta, pues atosigaba de abrazos a los demás pacientes. Una vez en su casa, sus parientes demandaron a mi clínica porque la melosa mujer quería estar siempre abrazada por ellos. Sus mascotas la evitaban, pues no soportaban sus acaramelados besos. Regresó a mi clínica.

Afortunadamente habíamos conservado un par de litros de su amarga sangre, que sirvieron para neutralizar su acaramelada existencia.

Hoy ella es dueña de una fábrica de dulces muy prestigiada. Sus empleados la adoran. En el reglamento de trabajo hay una cláusula que obliga a todos los trabajadores a abrazarse fuerte antes de iniciar la jornada laboral.

El municipio está contento: el campo sorprendentemente se llenó de abejas que producen la miel más dulce de la nación. Toda la región está llena de flores y de gente sonriente.

Ahora el problema es mío: todos los días recibo en casa un ramo de flores, un frasco de miel,  toda clase de caramelos…y la visita de una mujer que me abraza y besuquea sin consideraciones.

El síndrome de la rosa espinosa

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Ella tenía una enorme necesidad psicológica de ser mala.

Imaginaba toda clase de ofensas, humillaciones, maltratos, vejaciones y golpes físicos y morales a los hombres que se le acercaban. Presumía de su capacidad de herir a quien tenía cerca.

Su blasón existencial era la rosa, con sus pretendidas dos caras: la atracción de una bella flor y el peligro de que quien se acercase saliese espinado.

La realidad era otra, muy diferente: Quienes la conocían disfrutaban enormemente de la dulzura de sus pétalos y de su inigualable aroma. Jamás hirió a nadie. Si acaso, generó algún mal entendido, que ella misma se encargó de aclarar casi inmediatamente.

Su frustración era que toda aquella persona con la que trataba, acababa estimándola.

viernes, 7 de junio de 2019

El perro metrosexual

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Robin era un finísimo Fox Terrier cuyos genes lo obligaban a cazar zorros.

Sus instintos lo invitaban a saltar zarzas espinosas, a llenarse de cardos, a brincar en el lodo, a perseguir implacablemente a los cánidos de la campiña británica.

Lamentablemente su vocación genética ya no se requería en un país en donde la cacería de zorros estaba totalmente proscrita por los ecologistas.

Para colmo, su amo era metrosexual obsesivo, y lo llevaba cada tercer día a la estética canina, en donde lo bañaban con agua caliente, lo secaban con pistola de aire, le cortaban el pelo, le pulían las garras y lo perfumaban.

Así, Robin vivía frustrado. Los perros del barrio generaban rumores negativos acerca de su virilidad. Las sexuales perras burguesas de su vecindario no disfrutaban de su apariencia afeminada e incluso se reían burlonas a sus espaldas.

Un día, Robin desapareció. Salto la valla de su aburguesada mansión, y tomó la decisión de ser perro callejero.

Hoy vive feliz, sin collar, con su pelo enmarañado, oliendo a drenaje, teniendo relaciones sexuales con perras circunstanciales, cazando ratas y agradeciendo a las estrellas su nueva vida.

El perro ajedrecista

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Era un pastor alemán descendiente de Rin-tin-tin, aquel perro maravilloso que, cuando escuchaba los bélicos clarines de Fuerte Apache, salía tras de la caballería vestida de azul, a aniquilar a los indios hostiles y malvados que amenazaban  el creciente y expansivo bienestar gringo de mediados del siglo XIX.

El  descendiente se llamaba Matacuás- alguien conspiró en su contra- pero no fue, definitivamente, la naturaleza. Nuestro héroe canino era definitivamente un genio.

En ese preciso momento –diciembre de 1990- se encontraba, a sus cuatro años de edad, disputando la gran final del XXXII Torneo Mundial de Ajedrez, ni más ni menos que contra Garry Kasparov, el soviético que había humillado previamente a Anatoli Karpov. Matacuás tenía acorralado en la partida definitiva a Kasparov.

No solamente lo tenía a punto del jaque mate, sino que éste ni siquiera lo imaginaba.  En un par más de jugadas, la especie canina podría demostrar que los humanos eran un éxito evolutivo muy circunstancial.

Pero Matacuás no estaba bien preparado psicológicamente. Su entrenador omitió microdetalles en su desarrollo ajedrecístico, y un mínimo destello de alegría en el movimiento de su rabo incontrolado despertó a Garry Kasparov de su falta de observación: se dio cuenta de lo que Matacuás pretendía con el “caballo 4  dama 2”, así que movió su alfil a  “torre 2 dama 4”.

Con esta última jugada, el perro perdió la partida de su vida. Hoy Kasparov vive en Crimea y come caviar del Volga, rodeado de lujos inimaginables. Matacuás come insípidas croquetas Pet Planet en un traspatio neoyorquino lleno de basura.

miércoles, 5 de junio de 2019

El cuento que nunca nació

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El autor (que en este caso no lo fue) era un hombre muy creativo. Sus ideas brotaban como excelso manantial de agua fértil, en donde las musas nadaban alegremente en todo momento. Su capacidad de convertir una simple idea en un texto genial era mundialmente reconocida: premios literarios de todo tipo se mostraban orgullosamente en sus vitrinas.

Pero aquella idea nunca prosperó. Surgió de repente, en un momento de inspiración. Él la acarició durante algunos minutos. La dejó para más adelante. Ella insistía en ser un precioso cuento, pero el autor tenía otros proyectos, otros objetivos.

La idea insistía. Cada mañana, cuando el autor despertaba, ella se hacía presente: “¡Hey, aquí estoy. Valgo la pena!” Y él coqueteaba con ella, le generaba falsas ilusiones…y la dejaba caer día tras día.

Un día la idea, ya desesperada por convertirse en cuento, intentó su última jugada: su propuesta era ya mucho más que un argumento: le brindó frases, personajes, finales felices y finales tristes, dramas y comedias, opciones, estilos literarios, optimismo. Pero el autor finalmente la abandonó por otros proyectos literarios.

Hoy la idea está muerta, enterrada en el cementerio infantil de lo que pudo haber sido y no fue.

Confesiones de un adjetivo

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Como todas las palabras que hoy conforman nuestro Diccionario de la Lengua, el adjetivo de esta historia –de nombre RETORCID@- nació de la nada, y empezó a ser usado por la gente como adjetivo calificativo de índole peyorativo, refiriéndolo siempre a lo peor, para denigrar a alguien o a algo de la manera más ofensiva posible.

A RETORCID@ -hay que dejarlo claro- jamás le ha desagradado su papel de villano de la lengua y de la sociedad que la habla, y se siente muy orgulloso de conformar el equipo de los malos que integran:  TORTUOS@, ESCABROS@, TURBI@, OSCUR@, TENEBROS@  y PERVERS@, todo un “dream team” de la mafia de nuestro idioma castellano. Desde muy joven, le gustaba hacerse acompañar por algunos adverbios que lo ayudaban a ser más radical en sus actitudes golpeadoras.

Sus amigos de siempre fueron MUY, EXTREMADAMENTE y BASTANTE, pero su gran compañero, de quien él siempre quisiera estar acompañado y precedido, es  TOTALMENTE, con quien de verdad disfruta las agresiones y las difamaciones. Son una mancuerna lingüísticamente muy poderosa.

TOTALMENTE RETORCID@ es toda una pareja de leyenda entre los difamadores y malpensantes de la humanidad.

Algo que motiva mucho a RETORCID@ en el día a día, son los ilimitados campos de acción en donde puede operar. Pocas son las actividades en donde él no es invitado directa o indirectamente por algún ser humano con mala voluntad.

Ha sido evocado por todas la sociedades humanas, desde la Edad de Piedra hasta nuestros días. Ha denigrado orgullosamente a ambos géneros (masculino y femenino) de cualquier edad, ocupación, clase social, raza o nacionalidad. Y en su cinismo existencial, RETORCID@ está dispuesto a crecer y crecer.

Hay quien opina que la humanidad se está pervirtiendo  RETORCID@ sabe de sobra que tiene futuro, y ahí es en donde él quiere estar.

martes, 4 de junio de 2019

Yo no soy supersticioso

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Ramón era un hombre canoso y veterano que decidió jubilarse en un pueblo cercano a la capital. Era científico, objetivo y sobrio. A pesar de la formación religiosa de su familia y de su medio, siempre respetó la normatividad científica inculcada en la universidad. Todo lo que pensaba o concluía pasaba previamente el filtro del método científico.

Tepoztlán, en donde Ramón decidió radicar tras de jubilarse, era un pueblo excepcional por su belleza. Algunas montañas de mediano tamaño, conformadas por rocas de dureza relativa, presentaban aspectos de erosión que eran bellísimos a los ojos de los visitantes, al extremo de que había rumores de que habían sido esculpidas por extraterrestres.

Gente más audaz (y menos científica) asignó a la plaza toda clase de magias y esoterismos. El hecho era que Tepoztlán era el reino de la anticiencia, de los ovnis, de la magia y brujería, de las cosas extraordinarias.

Ramón llegó ahí dispuesto a pasar tranquilamente el resto de sus días. No era antisociable, así que en relativo poco tiempo empezó a relacionarse con gente de su nivel económico y profesional. 

Pasaba el tiempo y las pláticas con nuevos amigos, y él empezó a notar un “común denominador” en las tertulias: las conversaciones siempre acababan yéndose al tema de los extraterrestres, de la magia del lugar, o del esoterismo universal. Parecía una obsesión local.

Un poco decepcionado por tantas pláticas irrelevantes, se volvió más selecto, y de alguna manera decidió reducir su círculo intelectual a un mínimo de profesionistas científicos que mantuviesen el mínimo rigor de juicio para mantener diálogos objetivos.

Después de una decena de fracasos en ese sentido, Ramón conoció a Edgar, un tipazo con una claridad mental impresionante, un hombre que tenía veinte años radicando en el pueblo.   

Durante varias semanas, Ramón pensó que había encontrado en Edgar el compañero ideal y objetivo, hasta que un día, Edgar le confesó:

“Tienes toda la razón en que en este pueblo toda la gente es supersticiosa, excepto nosotros dos. Aquí todos creen en brujos, en chamanes, en duendes y en cosas raras. Tú y yo somos privilegiados mentales al estar fuera de esas cosas. No sé cómo tú lo logres, pero te voy a confesar mi secreto: Yo estoy vacunado contra la superstición y las supercherías locales, gracias a que todas las noches duermo con una pirámide de ónice sobre mi mesita de noche."

Rottweiler

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Diego Armando era un hermoso y musculoso perro de la raza Rottweiler (con poderosas mandíbulas), criado desde cachorro en una casa de clase media de Buenos Aires (del barrio de Boca, para más precisión).

Un día inesperado, el ya no tan cachorro can (a sus 10 años de edad), desconoció a su amo y lo atacó de manera un tanto agresiva una tardenoche, cuando éste llegaba cansado de trabajar.

De alguna manera lo lesionó e hizo sangrar, pero el consciente amo, sabiendo que su perro era ya adulto casi senil, prefirió –antes que mandarlo a la perrera- llevarlo con un psicólogo canino que se anunciaba en la prensa local.

El doctor veterinario revisó al perro y dictaminó que tenía una versión canina del terrible Alz Heimer. La vejez había finalmente dañado las neuronas del noble can Diego Armando.

La receta del veterinario fue añadir a sus croquetas caninas, cierta dosis de Ginko Bilova, para activar la circulación sanguínea en el cerebro del animal.

Algo funcionó la receta, pero Diego Armando, en sus sueños, nunca supo si era un Rottweiler enfermo de Alz Heimer, o si era un Alz Heimer enfermo de Rottweilwer.

Después de todo era un perro anciano, enfermo y monolingüe, de clase media, del barrio de Boca en Buenos Aires.

lunes, 3 de junio de 2019

Reglamento matrimonial (primera parte)

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Nuestras queridas esposas
merecen consideraciones,
y nosotros, sus esposos,
les daremos atenciones

Llevaremos lo del gasto
para comprar la comida
pagaremos las escuelas,
luz, agua y  raticida.

Les pondremos un altar
merecido y duradero
para que se sientan reinas
entre estufa y lavadero

Todo esto está muy bien,
pero está condicionado
a que planchen bien la ropa
y hagan un buen estofado.

Deben cuidar a los niños
con gusto y dedicación.
No queremos oír quejas
de falta de vocación.

Deben tenernos paciencia
mientras en el bar estamos,
y llevarnos la cerveza
cuando el fútbol disfrutamos.

Y si tenemos querida,
debe haber resignación.
Recuerden que la querida
nos brinda más emoción.

Reglamento matrimonial (segunda parte)

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Es importante, señoras,
el hacerles recordar
que Dios hizo a las mujeres
para barrer y  trapear.

También en su plan estaba
 este planeta poblar:
las mujeres tienen vientre
 y preñadas han de estar

Si algún debil mariducho
sentase un mal precedente,
no por ese garabato
cambiaremos el presente.

Usen  rulos en el día,
bata hasta el atardecer,
pero llegada la noche
sexys deben parecer.

Dependerá de nosotros
el amor querer hacer,
y ustedes están obligadas
 a acatar nuestro parecer.

Sobre su ropa exigimos,
vestir con moderación:
escotes  y faldas muy sobrias,
que inhiban la imaginación.

Reglamento matrimonial (tercera parte)

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Mujeres privilegiadas
que deben reconocer
que fueron por Dios premiadas
con un marido tener.

Su  trabajo es muy sencillo
y fácil de ejecutar:
tres o cuatro actividades
y después a descansar.

Lavar platos, lavar ropa,
después trapear y barrer,
las labores de cocina,
y al marido complacer.

Los niños son adorables
con alguna obligación:
recogerlos en la escuela
es todo satisfacción.

Ir de compras, bañar niños
y los pañales cambiar,
son cosas maravillosas
que les deben agradar.

Las camas bien arregladas,
a los niños atender,
las tareas de la escuela,
todo esto deben hacer.

Esa vida tan sencilla
 digna de toda mujer
 es un regalo divino
 que deben agradecer.

Hay brotes de rebeldía,
ante una gran realidad.
Las mujeres de hoy en día
pretenden lograr igualdad.

Quiero decirles, amigas,
 que nada van a lograr.
Pierden el tiempo si piensan
 que van a dejar de trapear.

La vida es determinante,
como lo es la realidad,
nacieron pa´ ser esclavas
y esclavas han de quedar.

Les compraremos perfumes,
las llevaremos a cenar,
serán objetos sexuales
por toda la eternidad.

No soy yo quien las condena,
sino el destino fatal.
Qué más quisiéramos los hombres,
que alterar la realidad.

domingo, 2 de junio de 2019

Palabras desertoras

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Muchas palabras de nuestra lengua se sienten orgullosas de pertenecer al Diccionario. Otras se mueren de las ganas de ser aceptadas. 

Pero algunas palabras ya dieron de sí, y son usadas de manera muy diferente a las que ellas desearían. Si hoy se abriesen las rejas del Diccionario de la Lengua, nos llenaríamos de sorpresas. Hablaremos de algunas de ellas. 

USTED ya está aburrida de tanto trato formal, pues lamentablemente sabe que pone una distancia enorme entre las posibles amistades. Si bien recuerda que fue muy útil en la época de los privilegios  -cuando era necesario indicar clases sociales y jerarquías-, hoy, en un mundo más igualitario, prefiere ser olvidada.

CASI está harta de no ser nunca algo completo. Está frustrada, y envidia a TODO, a ENTERO y a ÍNTEGRO, quienes se ríen de ella constantemente por su incompetencia.

PERO hace solidaridad con CASI y la comprende, pues siempre se le emplea para denigrar situaciones: lo que debió haber sido y no fue.

CÓMO está a punto de reventar de tanto dar explicaciones. Siempre la ponen delante de las disculpas y de lo que no salió bien. Está deprimida.

DEMASIADO ya no soporta que siempre le digan que se excede.

ADIOS quisiera convertirse en HOLA. Sabe que siempre es acompañada de caras tristes, incluso de lágrimas; que deja muchas relaciones inconclusas y a seres humanos desconcertados.

Y finalmente está FIN, quien está muy molesta consiga misma, pues siempre le toca ser quien cierra la puerta de todas las historias y cuentos. Se siente injustamente el verdugo de las obras literarias.

Y así, mientras muchas otras palabras se visten de gala por ser parte del Diccionario de la Lengua, vemos que algunas quisieran jubilarse, e incluso refugiarse de una vez por todas en el hospital de vejez que se conoce como el Diccionario de Vocablos en Desuso.

sábado, 1 de junio de 2019

Querido Santa

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Querido Santa:

O me traes completa la lista de regalos que te envié…o publico las pruebas de que eres pederasta. Sabes de sobra a qué me refiero.

Atentamente, Juanito.

Los mil inesperados caminos de la felicidad

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Filemona no era un champiñón cualquiera.

La conocí un día asoleado excursionando en el bosque húmedo cercano a mi casa, cuando mi madre me envió a recoger setas para el almuerzo. Recogí varios hongos apetitosos que estaban a su alrededor, pero no a Filemona, pues a me pareció un ejemplar de mucha clase, digno de existir eternamente.

En ese momento yo no podía imaginar que las setas eran criaturas conscientes y emotivas. Son tan diferentes a nosotros que nadie podría pensar en lograr con ellas un mínimo de comunicación, y mucho menos desarrollar mutuos afectos inconmensurables.

Tampoco imaginaba la trascendencia y felicidad que esta extraordinaria situación habría de llevar a toda mi familia. Tal vez  fue la actitud de agradecimiento que me mostró Filemona por no haberla recogido para el almuerzo, o tal vez fue amor a primera vista entre especies tan diferentes, pero algo me hizo regresar con ella a la mañana siguiente.

Me eché en el piso para estar cerca de su carnoso cuerpo, para sentirla. Ella se contorsionaba e inclinaba tímidamente su sombrero. Yo también sentí algo muy extraño por su cercanía. No me atreví a tocarla esa mañana, pero sí lo hice a la siguiente, con la yema de mi dedo índice, muy suavemente para no lastimar su delicada tersura. Cuando lo hice, mil sentimientos maravillosos se desplegaron en mis adentros.

Al tercer día, le confesé que la amaba como a nadie en este mundo. Ella –en compensación- me roció de esporas en un incontenible orgasmo de felicidad.

Esa tarde hablé con mis padres al respecto. Había decidido dejar la escuela y el hogar, e irme a vivir con Filemona. 

Mi madre se horrorizó de mi amor por una seta silvestre, y fue a hablar de mi situación con el cura de la aldea.

Mi padre tenía mucho más criterio. Me llevó a la taberna, y después de un par de cervezas,  me confesó su amor platónico por Lucila, la hermosa y sexy borrega de Juancho, el vecino.

Esa tarde, mi padre y yo secuestramos a la borrega y nos la llevamos al bosque húmedo, en donde armamos un excelente y erótico campamento, dejando a mi madre un mensaje de despedida, al que se hizo acreedora por su incomprensión al amor entre especies diferentes.

Mi madre –que era de tiempo atrás amante del cura- aprovechó el contexto y decidió fugarse con él.

Hoy los seis vivimos de verdad felices: yo acariciando todos los días a  mi adorada seta, mi padre amando a su lanosa y sensual borrega, y mi madre viviendo con un cura sin vocación que ya dejó de serlo.

viernes, 31 de mayo de 2019

Las niñas de mis ojos


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Las niñas de mis ojos son muy espabiladas.

De hecho, hace mucho que dejaron de ser niñas y se han convertido en testigos de mis esquivas miradas a las bien formadas piernas de Enriqueta.

Las niñas de mis ojos me sugieren que sea cauto, pues Enriqueta tiene marido,  y a veces las miradas dejan de ser ligeras y generan huellas indelebles.

Pero ¿a quién debo obedecer? ¿A mis irreverentes hormonas estimuladas por esas encantadoras piernas, o a las prudentes y sabias niñas de mis ojos que temen mucho las consecuencias?

Mientras decido a quién le doy la razón, Enriqueta me dedica una cómplice sonrisa…

miércoles, 29 de mayo de 2019

La danza de las letras

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Las Letras son seres vivos muy semejantes a los pólipos que conforman los corales.

Tal vez la gran diferencia entre una y otra especie es el alto nivel de conciencia social que suelen adquirir las Letras.

Las Letras saben de sobra que una por una no valen nada, y que es la vida social lo que les da valor y contenido. Cuando varias de ellas se juntan de manera ordenada, forman Palabras con alguna razón de ser. Es la única forma de trascender en el complicado Reino de los Significados.

A las Letras se les educa desde pequeñas, pues cuando nacen son apenas Garabatos, trazos irregulares e irreconocibles. Para eso van a la escuela.

El primer curso que reciben es de gimnasia formativa, mejor conocida como Caligrafía. En este grado, los Garabatos se esfuerzan por formar rectas y curvas, por hacerse esbeltos y caminar en línea recta.  Ahí empieza a surgir la verdadera personalidad de las futuras Letras.

Más adelante veremos que todas ellas son diferentes, seguramente por predisposición genética. Y empiezan a pesar los prejuicios sociales: habrá Letras mayúsculas que verán desde arriba a las Letras minúsculas.

Después empieza –en el segundo grado- la formación social. Las pequeñas Letras deben formarse en línea una tras otras. Primero la A; luego la B; y así sucesivamente. No es ejercicio fácil para seres tan jóvenes formar abecedarios, pero finalmente lo logran y hasta les resulta divertido.

A las Letras se les enseña –en este segundo curso- a convivir de manera ordenada. Deben unirse de la mano para formar Palabras. Por primera vez, nuestras pequeñas amigas le encuentran significado a su existencia. A partir de aquí lo reclamarán siempre, y cuestionarán a  quienes no saben acomodarlas en el orden preciso.

En el tercer año empiezan las presiones. Aparece la Ortografía, maestra con fama de tremenda, pero que muchos años después será reconocida por muchas de sus alumnas como una gran profesora. Ella les enseña que el orden de las Palabras puede cambiar definitivamente el sentido de las cosas. Algunas Letras se vuelven obsesivas, por ejemplo, cuando la maestra les dice que delante de la P nunca puede venir una N.

El quinto grado es muy latoso. Algunas Letras lo detestan, pues los profesores les hacen cargar sobre sus hombros tildes llamadas “acentos”. Después, éstos generan hábitos, y algunas letras los extrañan cuando no los usan.

En este grado empiezan los romances juveniles entre las Letras. Sabemos de diptongos que son felices. En otros casos, uno de los novios carga necesariamente con un acento, lo que ya no es tan gracioso.  Y aquí las letras conformadas en Palabras deben decidir si son graves, agudas o esdrújulas, decisión nada fácil para estas jovenzuelas.

De verdad, las Letras a este nivel piensan que el quinto grado es el más difícil de todos…hasta que, en el sexto grado, aparece la profesora Sintaxis, la más dura de todas las maestras. Esta exigente profesora les enseña a las Letras que el empleo de “comas”, de “puntos”, de “admiraciones” e “interrogaciones”, etc. es importante. Y si quieren pertenecer a la elite en el Reino de los Significados, deben saber que un punto o una coma pueden cambiar el texto de un Cuento, y matar a una princesa en vez de casarla con el príncipe de sus sueños.

Así llega el momento de la graduación de las letras. Su tesis de grado es revisada por la doctora Redacción. Los sinodales son las Frases, los Párrafos y los Textos.

No todas la Letras se convierten en profesionistas. Muchas de ellas son reprobadas y se quedan en los Tinteros tras de fracasar en su examen profesional. Deberán dedicarse a otras actividades menos exigentes y peor pagadas.

Las Letras graduadas –a partir de ahora- se enfrentan a la vida, y todos sabemos que ésta no regala nada. Así, algunas de ellas se conforman con ser parte de una receta de boticario o de un simple recado telefónico. Otras -más esforzadas- llegan a integrar artículos periodísticos o, con un poco de suerte, se visten de gala en la invitación de boda de alguna pareja humana afortunada. 

Unas con más talento, participan en libros de texto o en crucigramas. Otras llegan a conformar elegante prosa o sublime poesía. Y pocas, verdaderamente muy pocas, son elegidas como distinguidas integrantes en el elenco de grandes escritores, generando bellísimas formaciones coralíferas en las obras de Cervantes, de Bécquer, de García Lorca o de Gabriel García Márquez.

Las Letras son seres vivos muy semejantes a los pólipos que conforman los corales.

La sonrisa en el metro

Nunca se conocieron. La vida los juntó durante un par de minutos, entre las estaciones del metro Akihabara y Asako de la línea 2 del metro de la ciudad de  Tokio.

Ella estaba casada, y obligada por las tradiciones ancestrales y las reglas urbanas a no lanzar su mirada más allá de lo necesario para circular por la ciudad.

Aritomo estaba separado de su mujer. Era un buen hombre, quien había contraído un matrimonio forzado que jamás funcionó. Conocía de sobra las normas sociales de  la sociedad japonesa, pero al subir al metro en Akihabara, la belleza de Asami lo alteró.

No pudo contener la mirada. Sabía que eso rebasaba todas las reglas de urbanidad, pero no pudo evitarlo.

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El reojo de Asami lo percibió. La urbanidad la obligaba a hacerse la desentendida, pero sus músculos la traicionaron, y de ella brotó una muy leve sonrisa.

Aritomo disfrutó la sonrisa de Asami enormemente, pero entendió que todo era una locura circunstancial, algo sin sentido en aquel mundo forzado.

Llegó el metro a la estación de Asako, y Arotimo tuvo que descender del vagón. Se había subido a él completamente vacío de sentimientos. Descendió convencido de que una diosa le había sonreído. Jamás olvidó aquel momento.

Asami vio con tristeza como Arotimo descendía del vagón del metro, sabiendo que  él se iba enamorado para siempre. Ella lloró en silencio durante muchos años, sabiendo que su verdadero amor habría sido aquel desconocido cuya mirada la había desnudado durante un par de minutos, entre las estaciones de Akihabara y Asako de la línea 2 del metro de la ciudad de Tokio.

martes, 28 de mayo de 2019

La madre de todos los miedos

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Dormí mal, muy mal.

Sudaba constantemente a pesar de que no hacía calor. En los escasos ratos en que lograba conciliar el sueño, aparecían en mi mente monstruos y criaturas de verdad desagradables que pretendían devorarme vivo: lo hacían pero sin destruirme, dejándome vivo para el siguiente mordisco.

Me volvía a despertar, y la angustia me aniquilaba. Ésta era real. Tomé el doble de un medicamento para dormir, para ver así rescataba la calma y por ende el sueño.

Pero no: la noche se fue entre dormido y despierto, entre soñar con simbólicos espantos y angustiarme con la durísima realidad que hacía poco me habían anunciado.

La madre de todos los miedos –como diría Saddam Hussein- estaba presente en mi vida. Deseaba que nunca amaneciese.

Como sea, prefería enfrentarme a esos espíritus oníricos indeseables de afilados y asquerosos dientes, que a la cruda realidad que se avecinaba.

Los primeros rayos del sol habrían de caer sobre mí como afilada guillotina, pero sin matarme. Harían rodar mi cabeza viva varios metros con agudo dolor, pero no por ello encontraría el descanso de la muerte.

Sonó por fin el despertador de mi esposa a mi lado. Sus ojos, una vez abiertos,  me confirmaron con su alegría que mi suerte estaba irremisiblemente echada: mi suegra iría a casa esa mañana a desayunar.

lunes, 27 de mayo de 2019

Tú y yo, desesperadamente

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No nací para plegarme. Tú tampoco.

Adoro mi libertad. Tú adoras la tuya.

Crees en cosas que aborrezco. Te aburren mis actividades.

Cuando madrugo, tú languideces. Cuando duermo, tú espabilas.

Me gusta tu cuerpo, tu alegría. No lo aprecias.

Yo programo. Tú improvisas.

Tú vuelas. Yo aterrizo.

Voy hacia abajo, tú hacia arriba; yo a la derecha, tú a la izquierda.

Insistir en lo nuestro…es un pecado.

Hola: soy las 7 de la mañana

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Ringgggg. Ringggg.

Hola: soy “las 7 de la mañana”.

Yo sé que no soy de todo tu agrado, pero alguna de nosotras tenía que asumir la responsabilidad de hacer sonar tu despertador temprano todos los días, y de presionarte mientras te duchas y te desayunas. Si no fuera así, ¿de qué vivirías? ¿Qué sería de tu familia?

Poco sabes de mí, pero te platico:

En total somos 24 horas, que día a día recorremos el redondo mundo, cada una cumpliendo con su función. Sólo puedo estar contigo sesenta minutos cada día, pues así es nuestro mandato. Reconozco que para ti no son los mejores momentos.

En ese sentido, envidio a “las 9 de la mañana”, que suele presentarte un reconfortante café matutino, y generalmente los saludos amables de tus compañeros de trabajo. En cuanto se presenta mi compañera” las 8 de la Mañana”, me veo obligada a saltar al siguiente huso-horario, y así hacer sonar millones de despertadores que están ubicados en lo que vosotros llamáis Oriente.

Casi todos me reciben con un gruñido, pero yo entiendo que ése es mi trabajo, y lo asumo dignamente.

Te dejo esta carta sobre tu mesita de noche, justo al lado de tu despertador, para que entiendas que en este extraño universo existimos criaturas que nunca faltamos a nuestras responsabilidades, por desagradables que éstas sean. Te estimo, y puedes considerarme tu amiga, pues nunca dejaré de apoyarte en tu cotidiana lucha por la existencia.

domingo, 26 de mayo de 2019

El convenio

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Él estaba muy preocupado porque ella no llegaba. Ya eran veinte minutos de retraso, cuando entre ellos siempre habían sido absolutamente puntuales.

Ella se desesperaba en el taxi, pues estaba atorada en un interminable embotellamiento de tránsito, extraordinario en aquella ciudad.

Él pensaba que esta vez ella no llegaría a la cita, pues últimamente había sido muy egoísta con sus cosas, y pensaba que finalmente había logrado decepcionarla para siempre.

Ella pedía a Dios que él no malinterpretase su retraso, pues después de cincuenta años lo seguía amando como el primer día.

Él repasó mentalmente el convenio de pareja que ambos tenían: cada diez años, se separaban una semana. Después se reunían puntuales a las 7PM en la vieja fuente de la alameda de la ciudad, si es que ambos deseaban continuar la relación. Así lo habían convenido desde que decidieron unir sus vidas muchos años atrás. Ambos podían dejar de asistir dejando caer todo lo vivido, puesto que ninguno estaba obligado con el otro.

Ella bajó del taxi a la carrera y se acercó a la vieja fuente de la alameda en donde solían reunirse.

Él no aparecía por ningún lado, porque su incontinencia lo obligó a ir al baño público unos minutos.

Ella se puso los lentes desesperadamente para encontrarlo entre la multitud que paseaba en la alameda. Fueron minutos de angustia.

Por fin lograron verse de lejos el uno al otro.

Corrieron como jovencitos para darse un fuerte y largo  abrazo y un maravilloso beso: los dos tenían garantizado a su amor por los próximos diez años.   

viernes, 24 de mayo de 2019

Arrogancias y hocicos gigantescos

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Ante la arrogante amenaza de su esposa de marcharse de casa para siempre, su respuesta fue tajante, dura y lapidaria:

Si te vas, en cuestión de minutos, otra estará aquí ocupando tu actual espacio.” Ella –arrogante, pero no estúpida- nunca se fue.

La dama del microscopio

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El tipo era –desde luego- interesante: se salía bastante de la normalidad. Ella era curiosa, muy curiosa. Lo atrapó con su red para mariposas en el campo.

Lo puso en el microscopio, lo disectó, le hizo la biopsia y la psicopsia, le aplicó la resonancia magnética y el escaner, le hizo la lobotomía, así como un análisis completo de saliva, sangre y orina.

Lo revisó de arriba a abajo, de derecha a izquierda, por delante y por detrás, por dentro y por fuera.

Después ella –decepcionada por la normalidad de su presa- lo tiró al drenaje, y regresó una vez más al campo con su red para mariposas.

jueves, 23 de mayo de 2019

El peor de los escenarios

Oculto, acechando, siempre queriendo rebasar al más oscuro pesimismo y cualquier previsión imaginable, él espera pacientemente el menor resquicio de oportunidad para arruinar sin piedad nuestros proyectos más importantes. Y así, justo cuando pensamos que todo está resuelto favorablemente, el Peor de los Escenarios aparece y arrasa con todos nuestros satisfactores.

Sólo de esta manera se puede explicar por qué ayer –mientras me desayunaba- se me cayó al suelo mi pan con mermelada. 

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miércoles, 22 de mayo de 2019

Adjetivicidio

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Hubo una vez  un lugar en donde el abuso de los adjetivos hizo que éstos fuesen desgastándose paulatinamente, hasta el extremo de que el ¡Genial! se convirtió en rutina; el ¡Maravilloso! se convirtió en más de lo mismo; el ¡Sensacional! supo que  era cualquier cosa menos eso.

Aprovechando el patético contexto, el adjetivo Mediocre, sin siquiera asomarse, se adueñó de todos los espacios.

martes, 21 de mayo de 2019

El búho


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Por sus enormes ojos que brillaban en la oscuridad de la noche, todos los roedores de esa arboleda estaban sigilosos, pensando que en cualquier momento serían divisados por el terrible búho.

Sin embargo, la preocupación del depredador nocturno no era, en esos momentos, la caza de animalejos. Su angustiada mente estaba centrada en su compañera de toda la vida, que esa noche no había regresado con él, seguramente atraída para siempre por el atractivo ulular de otro búho.

lunes, 13 de mayo de 2019

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martes, 7 de mayo de 2019

Sadomasoquismo

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Ella gritaba que la golpeara, que la deshiciera a patadas.

Él la miraba con malévola sonrisa, y la dejaba con las ganas.

viernes, 3 de mayo de 2019

Neuróticos

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La madre:

“Te irás al infierno con tus minifaldas y escotes, Mariana. Observa la cara de lascivia que generas en los hombres. Dios te lo reprochará algún día” 

Mariana:

“Si te refieres a la forma en que me mira el párroco, ése es su problema. El hombre es vulnerable a los escotes de moda y a los jeans entallados. Mi ropa es moderna, no sus ojos. Para eso trabajo: para verme bien. Como te ven te tratan. Estar a la moda es importantísimo, mamá.”

La madre:

“El párroco sólo ve a Dios, Mariana. Es casi un santo. Es el diablo en tu cuerpo quien los provoca. Por cierto: ¿no ha llegado tu padre? Tenemos que ir a la misa vespertina.” 

Mariana:

“Ya sabes que mi padre vive para el trabajo. Es un maniático obsesivo. Vive para trabajar y no se fija en su ropa. Viste como hace veinte años. ¿Para qué quiere el dinero si se viste tan mal?” 

Isidro:

 “¡A ver si habláis más bajo, que no puedo escuchar la radio! El Betis está perdiendo y vosotras pensáis nada más en ropa y en el maldito párroco.” 

La madre:

“Isidro:  ¿por qué le dices ´maldito´ al párroco? ¿Qué te ha hecho?”

Isidro:

“Hacerme algo, no, pero el infeliz le va al Real Madrid. No sabe nada de fútbol el tipo. En vez de pasarse el día confesando fanáticas como tú, madre, debería aprender de equipos. En cambio, su asistente sí piensa: es del Betis.”

Mariana:

“Pues yo te digo que el asistente del párroco viste horrible. Su ropa es anticuada. Desprestigia a la parroquia.” 

Toña:

“¡Qué discusión tan absurda os traéis! Tenemos elecciones municipales en quince días y sólo pensáis en fútbol y en moda. Tenemos ahora la oportunidad de deshacernos de esos tipejos del PP y así cambiar el país. Hay que informarnos bien, y dejar la religión, la moda y el fútbol para después. Ahora lo importante es España. Debemos votar todos por Pérez Dávalos.”

 Isidro:

“¿Pero qué dices, Toña? Las elecciones son el mismo día del partido entre el Barça y el Chelsea.  ¿Quién carajo va a votar ese día?”

Mariana:

“Pérez Dávalos viste muy mal. Un político mal vestido jamás será un buen político. Yo votaré por cualquier otro.” 

La madre:

Yo votaré por Almeida, porque Pérez Dávalos es ateo.”

Toña:

“¡No sabéis nada de política. Por eso estamos como estamos. La política es el principio y fin de nuestro nivel de vida, de nuestra convivencia como sociedad, y vosotros perdéis el tiempo hablando de tonterías! 

Por cierto, mamá: habló papá para decir que se quedará hasta tarde en la oficina. Dice que lo llames antes de ir a la misa vespertina, pues no te podrá acompañar.”

 La madre:

“Tu padre es un neurótico. Ya me lo dijo el párroco: descuida sus obligaciones religiosas por estar trabajando. Espero que Dios en las Alturas lo perdone algún día. Después de todo es un buen hombre.” 

Toña:

“Calla, mamá: su único defecto es que es del PP.”

Mariana:

“Y que anda mal vestido.”

Isidro:

Y que su equipo es el Real Madrid…” 

miércoles, 27 de marzo de 2019

Nocturnal

La noche estaba triste esa noche.

Pidió a su amiga luna que no asomara, que la dejase sola por esa única ocasión, para que su claridad no perturbase su profunda nostalgia.

Pidió al viento que no moviera las ramas, para que las hojas de los árboles callasen.

Pidió al arroyo estancarse, y al búho que cerrase sus ojos.

Cuán grande sería su pena, que pidió a las nubes que llorasen por ella.

La noche estaba triste esa noche.

El bar de los Fastidios

Muy contentos, recordando como siempre sus hazañas de pasado y brindando por su futuro, estaban los Fastidios, celebrando sus éxitos en aquel bar llamado El Disgusto, en la que pasaban sus ratos de ocio.

Hablaban entre ellos de cómo aburrir a los humanos, de cómo desesperarlos, de cómo hacerles perder la calma y la alegría, de alargarles el tiempo, de arruinarles las mejores expectativas, de dejarlos en ascuas, de sacarlos de quicio, y en todo eso ellos eran verdaderos expertos.

Los Fastidios eran entes felices, inteligentes y realizados, que se nutrían de ver cómo los humanos se enfadaban con ellos mismos y con las circunstancias.

Todo iba bien en su existencia, hasta que a un científico imbécil se le ocurrió inventar el Prozac.

El escritor mágico

Era un escritor mágico de cuentos fantásticos.

¿En qué consistía su magia?

Ni él mismo sabía por qué, pero le bastaba con definir a los personajes principales de sus cuentos, para que ellos se encargasen del resto: de generar la trama, de asignarse roles, de concretar finales felices.

Así, el escritor mágico solamente escribía lo que sus personajes hacían y decían. Gracias a este misterioso método, él era muy exitoso en su profesión.

Sin embargo, un día todo le salió mal. Escogió como personajes a una bella hada, a un espléndido elfo y a un peligroso hombre-lobo.

Los tres se pusieron de acuerdo en que tanto el elfo como el hombre-lobo pretenderían al hada. Ella preferiría al elfo, pero todo dependería de un duelo que supuestamente ganaría este último gracias a certeros flechazos en el corazón de aquél. Ella viviría feliz por siempre con su encantador elfo.

Pero al hombre-lobo finalmente no le pareció el acuerdo, y saliéndose del libreto acordado, mató al elfo.

El escritor pretendió borrar este último párrafo para dejar las cosas como deberían ser, pero en su distracción no se dio cuenta que una enorme luna llena asomaba por la ventana de su estudio.

Esto lo aprovechó el hombre-lobo para salirse del cuaderno, y en un descuido devoró al escritor.

Inmediatamente, el hombre-lobo regresó al cuaderno, raptó a la indignada hada, la llevó a su caverna, y se apresuró a escribir FIN al final del cuento.

Nadie, nunca jamás, podría cambiar esa triste historia.

domingo, 17 de febrero de 2019

El dictamen policial incompleto




Sauria llegó a la villa de Arcángeles un mañana de primavera. Fue directamente, de la estación del tren, a hospedarse en una suite de lujo en el elegante Hotel D’Azur, junto al antiguo palacio de los azulejos.

Aún estaba acomodando su equipaje en los espaciosos roperos y cajones de su recámara, cuando los rumores de su  presencia recorrían a toda velocidad la ciudad: las mujeres se sintieron amenazadas por su espléndida silueta, y los hombres se alborotaron por la presencia de una hembra de tanta clase.
En cuanto Sauria salió del hotel para cenar, decenas de pares de ojos observaban sus atractivos movimientos corporales.

Era una mujer bellísima, vestida a la moda, con blusas y faldas largas compradas en los almacenes más exclusivos de Europa. Estos ropajes traslucían sus bien conformados senos y sus suaves caderas, que excitaban  a los hombres y ofendían  a las mujeres de Arcángeles.

Los rumores de las malas lenguas no tardaron en aparecer.

Con ese extraño nombre, debe ser una mujer lagarto, una devoradora de hombres incautos”, decían algunas.

“Me han contado que, cuando lleva un hombre  su lecho, se despoja fríamente de su ropa, dejando ver su desnudo cuerpo lleno de horribles escamas y una cola de reptil, y, antes de que su ingenuo acompañante pueda reaccionar, ella se lanza sobre él para devorarlo”, decían otras.

Mientras tanto, decenas de caballeros, riéndose de los rumores, buscaban la oportunidad para conocerla e invitarla  cenar, como parte primera de intenciones más elaboradas.

El primero que logró salir con ella, fue Don Lucas Arioste, un soltero guapo, rico y divertido. Fueron vistos juntos en varios restaurantes, antes de que él desapareciese misteriosamente. Este hecho incrementó los terribles rumores femeninos locales sobre la bella Sauria.

El segundo pretendiente de la elegante dama fue Don Rigoberto Coello, hombre casado y cínico, que osó pasear con ella por el parque, sin importarle las consecuencias familiares de su hecho.

El jefe de la policía local, el teniente Del Monte, admiraba a la dama, y se asomaba por la ventana de la comisaría cada vez que ella paseaba por el frente,  para deleitarse con su movimiento de caderas. Se reía de los absurdos rumores que la relacionaban con la desaparición de Don Lucas Arioste, y, al mismo tiempo, sentía envidia de Don Rigoberto Coello, quien ahora disfrutaba de la cercana compañía de Sauria.

Sin embargo, pocos días después, la esposa de Don Rigoberto acudió  la comisaría a denunciar formalmente a Sauria de haber devorado  a su marido, quien no estaba en ninguna parte. De mala gana, sabiendo que todo esto era un absurdo, el teniente Del Bosque envió un citatorio para que ésta se presentase a declarar al respecto.

Esto -decía públicamente el comisario- no es más que un trámite para calmar a la celosa esposa”.
Sauria, sin embargo, jamás se presentó. La policía revisó la suite de la dama, y la encontró vacía. Ella había desaparecido sin dejar huella.

Ante esos hechos, el teniente Del Bosque tuvo, por obligación, que responder a la demanda de la esposa del desaparecido, emitiendo un dictamen oficial, que decía así:

Es obvio que la Srita. Sauria y Don Rigoberto Coello, se fugaron de la ciudad. Sin embargo, no hay elementos suficientes para concluir formalmente acusación alguna contra ellos“.

Y efectivamente, ambos se habían fugado. Pero hubo, en el anterior dictamen, una grave omisión que nadie percibió:

Don Rigoberto Coello, en efecto, había huido con Sauria,  la mujer lagarto,…pero dentro de su abominable tracto digestivo.

El decorador de textos



Su misión existencial nunca coincidió con su biografía, sino todo lo contrario. Su nombre (José Pérez García) tampoco lo ayudaba, pero era un hombre de mucho tesón, duro de abatir.

Por más que se esforzó en la escuela por estudiar letras (para amarlas y dignificarlas), la irónica vida lo llevó a ser un burócrata que manejaba números.

Quiso ser un gran literato, y acabo siendo un revisor de declaraciones de impuestos, quien verificaba que no hubiesen errores aritméticos en las sumas y restas de ingresos, egresos y deducciones de los causantes.

Sin embargo, su vocación por darle vida a las letras y a los textos seguía presente con una frustración del peso del plomo.

Un día decidió rebelarse a su  destino y asumió una nueva responsabilidad ante el mundo. Decidió decorar cuanto texto (o receta o especificación o procedimiento) se le atravesase en su camino.

Empezó practicando mientras se desayunaba. Tomó el envase del jugo de naranja, lo leyó, y rehizo literalmente lo que aparecía como referente:

“Elaborado por JUGOMAX  S.A. Km. 12.5 Antigua carretera  León-Madrid, Provincia de León. Código postal 24008. España. INGREDIENTES: JUGO DE NARANJA CONCENTRADO Y REHIDRATADO. DISTRIBUIDO POR DISTRIBUIDORA JUGOMAX. Tel. 3456 7895. HECHO EN ESPAÑA.”



Tomó bolígrafo y papel, y escribió:

“Este delicioso néctar de fruta, orgullosamente español, ha sido elaborado en una empresa llena de alegría y optimismo llamada JUGOMAX, en donde los felices empleados, radicados todos ellos en León , viajan sonrientes diariamente más de 12.5 kilómetros desde su hogar a su lugar de trabajo (código postal 24008), conscientes de la importancia de brindarle a Usted un excelente jugo de naranja concentrado y rehidratado, para entregarlo, por medio de la DISTRIBUIDORA JUGOMAX, casi al día siguiente y totalmente fresco en la mesa en que Usted se desayuna. Nos encantaría que nos llamase al teléfono 3456 7895. Los españoles nos sentimos muy contentos de ser los productores de esta delicia.”

Envió inmediatamente el texto (con una sugerencia al respecto) a:     

JUGOMAX  S.A. Km. 12.5 Antigua carretera  León-Madrid, Provincia de León. Código postal 24008. España.

pero jamás recibió respuesta.

Pero eso no lo derrotó. José Pérez García llevaba muchos años masticando su frustración, así que lo tomó con calma.

Tomó el metro para ir al trabajo, y se encontró con un anuncio que decía:

“Aprende Inglés, la lengua del futuro.

Academia Internacional.

Calle de los Arcos 37, cerca de ti.

Tel. 4387 6549”


Tomó bolígrafo y papel, y escribió:

“Todos nosotros necesitamos hablar inglés, la maravillosa lengua de Shakespeare que hoy se habla en todos los congresos y convenciones por todo el planeta. No es sólo la lengua del futuro. Es la lengua de hoy y de siempre. La amenísima Academia Internacional se encargará de abrirte la puerta al fascinante mundo del éxito que te espera en la agradable Calle de los Arcos 37, cerca de ti y de tu realización. Una llamada al teléfono  4387 6549 es todo el impulso que necesitas.”

Envió inmediatamente el texto (con una sugerencia al respecto) a:    

Academia Internacional
Calle de los Arcos 37
Ciudad

pero jamás recibió respuesta.


Al día siguiente fue al banco a hacer un depósito, y leyó un anuncio que decía:

“Adquiera su casa inmediatamente. Nosotros le prestamos el dinero. Informes aquí mismo. Banco de Madrid.”

Después de meditarlo un rato, mientras estaba en la línea esperando su turno, tomó bolígrafo y papel, y redactó:

“¿Qué puede haber más importante en la vida que tener nuestra propia casa, un patrimonio que disfrutará toda la familia durante muchos años? Tus amigos del Banco de Madrid estamos dispuestos a facilitarte los recursos económicos necesarios para que tu sueño se cumpla cuanto antes. Pregunta aquí mismo: recibirás una sonrisa y el crédito que te hace falta.”

Ahí mismo, en un buzón de sugerencias, dejó su mensaje. Jamás recibió respuesta.

Así, nuestro decorador de textos, lejos de desanimarse, vivió muchos años promoviendo los textos alegres, optimistas, positivos y bien escritos sin jamás recibir una respuesta, hasta que un día, una enfermedad fulminante lo llevó a la tumba.

El seguro de defunción que le otorgaba la Oficina de Recaudación de Impuestos, incluía el féretro, el entierro, la tumba y la losa con el epitafio.

Un  par  de días después de ser enterrado, un albañil enviado por aquella patética oficina fiscal, colocaba en su tumba una losa irónica que decía:

                                     José  Pérez García
                                            1967-2007




Pocos días después, una extraña mujer sonriente vestida de negro, ordenaba a otro albañil el cambio de losa. La nueva piedra decía:

                           José Antonio Pérez de las Heras y García de la Brena

“Nació en 1967 con la divina misión de decorar los textos y alegrar las letras de los hombres. Hizo optimistamente todo lo que pudo en un mundo literariamente estéril, hasta que Dios lo llamó a su lado en el año 2007, para que contagiase de su alegría a los ángeles, y para que reescribiese completamente los Libros Sagrados, que buena falta les hacía desde hacía varios siglos.”