lunes, 19 de marzo de 2012

Acerca de la afectología


Dedicado a mi maravillosa hija Jimena, en un día particularmente difícil para ella.

Cuentan los científicos de vanguardia que existe una fuerza natural que supera a la gravedad, a la fisión nuclear, a las leyes de la física, de la óptica y de la acústica, una fuerza que poseen de manera natural todos los mamíferos, incluyendo a nosotros los humanos.

Esa poderosa energía se denomina afecto, y forma parte de la ciencia llamada afectología.

El instrumento que la mide se conoce como afectómetro, y su unidad de medida es el Afectrón (abreviado Af).

Cuentan los avezados sabios expertos en afectología que, cuando una relación entre dos seres se da por la razón que sea, los involucrados se llenan de Afectrones, y éstos son capaces de generar, en grandes cantidades, ternura, cariño, vínculo, impulso, fe, comprensión, amor, afecto y muchas otras cosas maravillosas, tales como las que siento por mi adorable hija Jimena, encantadora mujercita quien, desde que nació, ha llenado todas mis expectativas existenciales.

domingo, 4 de marzo de 2012

¿Qué sería la vida sin un nieto?


Con todo mi amor, para mi nieto Leonardo.



¿Qué sería la vida si mi nieto no me hubiese pedido dormir con él a la intemperie sobre la cama elástica en nuestro jardín?

¿Qué sería la vida si le hubiese dicho que no, que a mi edad hay cosas que no debería yo hacer?

¿Qué sería la vida si Make, la mascota pastor alemán de mi nieto, no nos hubiese exigido a su manera pasar la noche con nosotros sobre la cama elástica?

¿Qué sería la vida si yo, el abuelo, no hubiese cargado a la perra para subirla a la cama elástica para que pasase la noche conmigo y con mi nieto?

¿Qué sería la vida si esa noche no hubiésemos dormido abuelo, nieto y mascota abrazados observando las estrellas debidamente cobijados?

¿Qué sería la vida si no hubiésemos esa noche refrendado los tres nuestros vínculos afectivos como lo hicimos?

No: la vida no sería igual si los tres nos hubiésemos comportado de otra manera.

sábado, 3 de marzo de 2012

Metamorfosis


Desde su laboratorio, aquel hombre generaba preciosas fórmulas químicas que, convertidas en míticos productos, daban la vuelta al mundo.

Combinaba, con mágica sabiduría, ingredientes que reaccionaban entre sí para convertirse en exquisiteces técnicas que demandaban muchas empresas.

Generaba tecnología poética, con toda la rítmica, métrica y contenido, para beneplácito de las multinacionales.

Un día decidió dejar la química para convertirse en escritor.

La industria química mundial entró en crisis.

La literatura universal vivió sus mejores épocas.

viernes, 24 de febrero de 2012

Horrendo crimen en el monasterio


Existían posibilidades de que aquella tragedia hubiese sido un accidente, pero el sabio lama Mishka tenía sus dudas al respecto, y de acuerdo con su responsabilidad jerárquica de jefe máximo del monasterio, llamó a todos los monjes para que viesen el cadáver y opinasen al respecto. Quizás alguno de ellos confesaría su culpabilidad, y con eso se evitarían penosos trámites.

Pero no fue así: todos los monjes pusieron cara de desasosiego por lo ocurrido, pero ninguno asumió la culpa.

Mishka, por lo tanto, tuvo que recurrir al detective Naya, de la cercana ciudad de Bhaktapur, quien, después de llegar a un acuerdo económico con el lama, aceptó la responsabilidad de esclarecer aquella trágica muerte.

A la mañana siguiente, saliendo el sol, Naya se presentó en el monasterio, y fue llevado por Mishka a la habitación en donde se encontraba el cadáver. Tras de unos minutos de paciente observación, el detective confirmó al lama que sin lugar a dudas se trataba de un asesinato…con saña: entre los piadosos monjes había uno de verdad perverso.

El siguiente paso del investigador fue revisar las sandalias de todos los monjes, una por una. De todas ellas, apartó únicamente la chancleta derecha del monje Narayan, quien, al sentirse descubierto, confesó ante Mishka su horrendo crimen.

Efectivamente, el detective Naya, con su poderosa lupa y su penetrante inteligencia, encontró una antena de hormiga en la suela de la sandalia derecha del monje. El asesinato había quedado aclarado.

Narayan, en su desesperación por haber sido descubierto, reconoció el hecho de que había pisado a la hormiga con toda su mala voluntad. Alegó llorando ante Mishka que tenía fobia a todos los insectos, y en particular a los himenópteros, que le resultaban asquerosos. No había podido resistir a la tentación de aplastarla.

El sabio lama responsable de aquel monasterio cubrió agradecido los honorarios del detective Naya, y procedió –de acuerdo a las costumbres tibetanas- a fincar desagravios y dictar sentencia.

El cadáver de la hormiga fue sepultado a unos metros de su hormiguero con todos los rituales y honores dignos de un insecto. Los cuarenta monjes del monasterio, incluyendo a Narayan, se arrodillaron y lloraron durante dos semanas a la víctima.

El perverso monje asesino fue condenado de por vida a llevar a diario un cubo de azúcar a cada uno de los cincuenta hormigueros que rodeaban el monasterio.

La roca y el árbol


Ella tenía casi un millón de años de edad. Era producto de la erupción de un enorme volcán en las cercanías. Primero fue parte de un candente torrente de lava que se enfrió al entrar en contacto con un río. Una vez solidificada, una serie de sismos la hicieron rodar hacia aquella ladera en donde había pasado toda su vida.

Durante la mayor parte de su existencia vivió sola, excepto por la presencia de algunos líquenes circunstanciales que nacían, crecían y morían sobre su superficie.

De repente algún pájaro, insecto o serpiente la rozaban, pero jamás estableció con ellos una relación significativa, hasta que un día ocurrió un evento aparentemente insignificante que habría de darle razón a su existencia.

Fue un atardecer mágico en el que un ave dejó caer sobre su superficie una extraña semilla.

La roca no percibió aquel evento, pero después de unos cuantos días lluviosos, notó una extraña sensación: una prematura raíz vegetal se prendió de uno de sus recovecos. De alguna manera, la enorme piedra supo que algo sensacional estaba ocurriendo en su superficie.

Pocos días después, la roca empezó a agradecer la presencia de aquella raíz que la penetraba y la abrazaba. Olvidó enseguida el millón de años de soledad en que había vivido, y se dedicó a brindar al pequeño arbusto todo su amor.

En unos meses, el arbusto ya estaba bien arraigado sobre la roca, y sentía la seguridad que ésta le brindaba. Cada raíz que de él surgía se acomodaba sobre la superficie de la roca como una señal de agradecimiento, como una caricia.

Pronto el arbusto se convirtió en árbol, y sus raíces abrazaron completamente a la orgullosa roca, que finalmente se dio cuenta de lo importante de su presencia, de su solidez, de su fortaleza. Sabía que él dependía de ella totalmente, lo que le hacía sentirse inmensamente responsable por aquel vegetal que la vida y las circunstancias le habían regalado como compañero.

Ella se convirtió en la más feliz de las rocas, y el árbol compartía esa sensación.
Aquella extraña relación entre criaturas del reino mineral y vegetal duró cuatrocientos años, hasta que un rayo maldito incendió al árbol.

Como sea, la roca supo que su función existencial se había cumplido. Lloró al árbol un par de milenios, pero siempre supo que aquello había sido lo mejor que le pudo pasar en su vida.

Finalmente la erosión y el tiempo acabaron pulverizando a la roca, y de aquel extraño y enorme romance entre criaturas disímbolas, hoy no queda nada, excepto en la memoria de la Tierra, nuestro sabio planeta, que supo de aquel encuentro y lo disfrutó enormemente.

domingo, 19 de febrero de 2012

Uno mismo


Aquella tarde, el fracasado escritor de cuentos decidió crear un personaje trascendente; alguien brillante y al mismo tiempo patético; triunfador en lo irrelevante y un desastre en lo relevante; magnífico y miserable; sol y sombra; sublime y ridículo al mismo tiempo.

Aquella tarde, el fracasado escritor de cuentos se creó a sí mismo, y se convirtió en su propio personaje.

Querido abuelo


Querido abuelo:

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Tu nieto que te quiere.

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