martes, 20 de abril de 2010

La cerradura


A pesar de que estaba claro que estaban hechas la una para la otra, la cerradura no podía dejar de desconfiar de la llave, por el simple hecho de que ésta era libre de intentar otros romances en cualquier otro lado. ¡Nunca se sabe!

Ella, en cambio, siempre estaba ahí, siempre cerrada, dándole a la llave certeza absoluta de su eterna fidelidad.

Fue nada más por eso -por esa pequeña pero enorme desconfianza que fue creciendo con el tiempo- que la cerradura jamás quiso mostrarle a la llave todo aquello que ella poseía en sus adentros.

La cerradura murió virgen.

1 comentario:

Joice Worm dijo...

ohhh... no pensó en las fantásticas sensaciones que perdería, pues fue demasiada desconfiada, al paso que para la llave, ella seria tal vez... especial. Tan poco ha tenido esta suerte.