miércoles, 28 de enero de 2009

Las emocionantes aventuras de Simón, el cactus


Simón era un cactus solitario que habitaba el enorme y árido desierto de la altiplanicie.

Recordaba la única vez que había llovido por aquellos lugares, y cómo se dedicó a succionar agua por su piel y sus raíces durante varios días, hasta que ésta se agotó. Como sea, gracias a eso, hoy todavía tenía agua retenida en sus células.

También estuvo la ocasión en que Marisa, la liebre, murió cerca de él, y que de la nada aparecieron decenas de buitres, uno de los cuales, Joaquín, se posó sobre su cuerpo.

Y se acordaba con nostalgia del ruido de Toña, la serpiente de cascabel, que cazaba ratones en las cercanías, pero que había emigrado a un lugar más adecuado.

Pero el momento más emocionante de su vida fue cuando Claudio, el coyote, se acercó a él para orinarlo y marcar de esa manera su territorio, lo que lo hizo sentir muy orgulloso.

Eso era todo lo que había ocurrido a su alrededor durante los ciento veinte años de su vida.

Definitivamente, Simón, el cactus, era una criatura con muchas experiencias existenciales.

lunes, 26 de enero de 2009

Diarreín


Aquel día, Diarreín entró en un nuevo organismo, dispuesto a hacer sus acostumbradas travesuras.

Aunque algunas personas lo consideraban un germen patógeno, él no era más que un espíritu travieso, divertido y contundente, muy amigo de las amibas, de los protozoarios y de ciertas bacterias que habitaban los intestinos humanos y animales.

En menos de un par de horas, el cuerpo anfitrión empezó a notar su presencia, por lo que no tardaron en aparecer por ahí sus peores enemigos de siempre: los odiosos anticuerpos, antibióticos y antidiarréicos.

Como él era veterano de mil batallas fisiológicas, su organismo había ya generado bastante resistencia a las embestidas de estos temibles guardianes del orden corporal, así que decidió aplicarse con todo su profesionalismo.

La lucha se prolongó durante varios días, en los que se generaron muchos retortijones, gases y heces tan líquidas como el agua.

Finalmente Diarreín fue rodeado y asesinado, no sin antes haber dejado muertos en el camino a millones de unidades de sus enemigos.

Por la forma tan heroica como luchó dentro de aquel organismo, se ganó un lugar en el cielo de los gérmenes patógenos que cumplen con su misión existencial, y su memoria se conserva inmaculada entre todos los microbios y bacterias que aún permanecen en esos lugares.

¡Descansa en paz, Diarreín!

sábado, 24 de enero de 2009

Sí, pero no


A veces era incongruente; a veces no.

Era de ideas fijas, pero las abandonaba cada vez que podía, o sea, a cada momento.

Desde luego, él justificaba sus repetidas incoherencias, pero normalmente no las reconocía, para luego decir que estaba siendo malinterpretado y que sus contradicciones no eran tal.

Mareaba a sus interlocutores con promesas imposibles, las que a veces cumplía inesperadamente, pero la mayor parte de las veces culpaba de su incumplimiento a las circunstancias, siendo que él no creía en ellas.

Negaba lo obvio, y afirmaba vehemente aquello en lo que él mismo no creía.

Vivió apostando por lo imposible, e ignorando lo factible.

Finalmente murió, contento pero también frustrado, realizado pero reprochándose muchas cosas, aceptando un entierro religioso habiendo sido ateo toda la vida, y heredando a sus seres queridos todo lo contrario de lo que necesitaban y esperaban.

Fue enterrado en una fosa según sus propias instrucciones, cuando siempre había hablado ser incinerado.

Los gusanos panteoneros nunca supieron si lo que comían era carne humana o carne de res, ni estaban seguros de si era o no de su satisfacción, pero de alguna manera lo disfrutaban…aunque no siempre.

miércoles, 21 de enero de 2009

El último personaje


No era que aquel personaje fuera heroico, ejemplar o distinguido, pero se trataba del último de su especie, y por cierto, era bastante digno e inteligente: sabía de sobra lo que necesitaba y en dónde estaba parado.
Efectivamente, tantos escritores y tantos siglos de cuentos y novelas, habían agotado todas las opciones creativas, y ya las musas habían dado todo de sí, por lo que nuestro amigo sabía que no quedaba más que él en todo el horizonte literario. Obviamente pretendía venderse caro e imponer sus condiciones, que, por otra parte, eran muy razonables.
Su promotor organizó una subasta a la que asistieron cientos de miles de postores ávidos de éxito, de originalidad, de fama y dinero.
Le ofrecieron estelaridad, trascendencia, argumentos originales, compartir derechos de autor, libros con encuadernación de lujo y muchas otras canonjías literarias.
Lamentablemente nadie imaginó jamás lo que nuestro personaje en realidad pretendía, por lo que aquella subasta nunca se concretó.
Todo lo que él pedía era un papel de buen esposo, de buen padre, de hombre satisfecho con lo que la vida le ofrecía, de andar por casa en bata y pantuflas, de acariciar a un perro cariñoso, de regar el jardín todas las tardes, de algún día convivir tranquilamente con sus nietos en una agradable casa de campo.
Y ese papel, en la literatura, simplemente no existía.
Ante esas patéticas circunstancias, él optó por no ser jamás un personaje literario, y así, se esfumó para siempre.

viernes, 16 de enero de 2009

Pavorosa criatura


Peor que un cáncer expansivo y galopante, ella atrapa sin piedad a casi todos los humanos que están a su alcance.

No deja nada al azar. Su efectividad es impresionante, al igual que la tremenda enfermedad que contagia a sus víctimas.

No respeta edades, ni género, ni raza, ni nacionalidad. Muy pocos individuos son inmunes a sus encantos malignos.

Es perenne como la hierba. Se le conoce desde hace miles de años, pero nada ni nadie había sido capaz de erradicarla del mundo.

La pavorosa Mediocridad puede ser acusada de cualquier cosa…menos de ser mediocre.

jueves, 15 de enero de 2009

Cómo escapar de la mediocridad de mi cerebro


Rodeado de sólido cráneo por todos lados, y agravado por una maraña de neuronas mediocres que no sirven más que para recordarme cuán estrechos son mis límites mentales, mi cerebro desespera por la impotencia de generar ideas y soluciones que me permitan trascender a otras dimensiones de razonamiento.

Es por eso que hoy he decidido reconocer humildemente ante el mundo que mi perro es mejor que yo para jugar al ajedrez.

miércoles, 14 de enero de 2009

La lombriz kafkiana


Era una lombriz que soñaba que era un malvavisco, quien a su vez soñaba que era una lombriz, quien a su vez soñaba que era un malvavisco.

Cuando finalmente despertó de aquel extraño sueño, se dio cuenta de que en realidad no era otra cosa que un asqueroso malvavisco completamente agusanado.

Prefirió volver a dormirse.